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El Coronel y La Pelea de Gallos. Desde Gabo

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-Qué se puede hacer si no se puede vender nada -repitió la mujer. -Entonces ya será veinte de enero -dijo el coronel, perfectamente consciente-. El veinte por ciento lo pagan esa misma tarde. -Si el gallo gana -dijo la mujer-. Pero si pierde. No se te ha ocurrido que el gallo puede perder. -Es un gallo que no puede perder. -Pero supónte que pierda. -Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en eso -dijo el coronel. La mujer se desesperó. -Y mientras tanto qué comemos -preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. Lo sacudió con energía-. Dime, qué comemos. El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder: -Mierda.

Gabriel Garcia Marquez

Fragmento desde: El Coronel no tiene quien le escriba.

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 “Es la misma historia de siempre”, comenzó ella un momento después. “Nosotros ponemos el hambre para que coman los otros. Es la misma historia desde hace cuarenta años.”

El coronel guardó silencio hasta cuando su esposa hizo una pausa para preguntarle si estaba despierto. Él respondió que sí. La mujer continuó en todo liso, fluyente, implacable.
— Todo el mundo ganará con el gallo, menos nosotros. Somos los únicos que no tenemos ni un centavo para apostar.
— El dueño del gallo tiene derecho a un veinte por ciento.
— También tenías derecho a que te dieran un puesto cuando te ponían a romperte el cuero en las elecciones –replicó la mujer-. También tenías derecho a tu pensión de veterano después de exponer el pellejo en la guerra civil. Ahora todo el mundo tiene su vida asegurada y tú estás muerto de hambre completamente solo.
…..
— Vamos hacer una cosa –la interrumpió el coronel.
— Lo único que se puede hacer es vender el gallo –dijo la mujer.
— También se puede vender el reloj.
— No lo compran.
— Mañana trataré de que Álvaro me dé los cuarenta pesos.
— No te los da.
— Entonces vende el cuadro.

Fragmento del “Coronel no tiene quién le escriba”, pág. 92-93

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

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foto StevenCafè

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